Reflexión: 90 días

Necesito desahogarme. Día de ruptura 90.

Noventa días parece mucho, pero no son nada, a comparación de toda la entrega y todo el tiempo que perdí con alguien narcisista. Hoy es el día en que me viene toda la rabia, porque no soporto a las personas que hacen daño sin responsabilizarse. Es decir, las personas podemos hacer daño sin querer hacerlo, pero cuando lo haces puedes ser empático y buena persona, responsabilizarte de tus actos, es decir, tener responsabilidad afectiva y tratar a las personas por lo que son, personas, no objetos que manejas a tu antojo y que te aprovechas de tu posición privilegiada para decidir por la otra persona, anular su voz y abusar de tu poder.

¿Pero qué espero de alguien que no tenía responsabilidad afectiva en la relación? ¿Qué espero de una persona que prefería que me volviese loca antes de crecer y ceder y poner de su parte? He vivido en una mentira, he vivido con una persona que no me respetaba, que no tenía en cuenta mi voz, mis opiniones, mis gustos ni mis necesidades. Y me he dado cuenta que he estado manipulada y que siempre que hacía algo para hacerme feliz era porque él tenía beneficio a cambio. Todo lo hacía pensando en él, en sus caprichos e intereses, en su conveniencia, importándole muy poco mi bienestar.

Era muy desgastante tener que comerte todo tú sola, necesitar apoyo y no tenerlo, hay cosas que se sienten o no se sienten, y eso no se podía fingir, pero era más fácil cuando yo no podía con la situación y me sentía desesperada y llegaba al límite y con ello culparme por mis reacciones. Esta persona cada dos por tres me faltaba el respeto de forma pasivo - agresiva, traspasaba mis límites, pero cuando yo intentaba ponerlos, hacerle entrar en razón y que fuese alguien sensato, era imposible. Al final, me encontraba yo como la que pedía demasiado, la que según él quería discutir, y la emocionalmente inestable, que como no, lo era, porque como bien digo, te llevan al límite y al final acabas creyendo que el problema eres tú, que eres muy explosiva.

Es algo de lo cual no me enorgullezco, pero sobre todo porque al final me hice daño a mi misma, porque un narcisista nunca va a tener él, el problema, siempre será la otra persona. Se creía el centro del universo, una persona individualista, que todo lo quiere hacer a su manera, que impone sus decisiones y formas de hacer las cosas, sin tener en cuenta que existen más puntos de vista y formas de hacer, y que las personas también tenemos ilusiones y voz propia. 

Estaba ciega, porque lo quería demasiado, muchísimo, y al final, me convencía a mi misma de que tenía que tener paciencia, que todo lo que hacía no lo hacía con mala intención, pero al final, cuando te hospitalizan y te encuentras que la persona que más tenía que apoyarte te falla, entonces se te cae la venda y allí ya era imposible justificar lo injustificable. Igualmente, me sentía muy vulnerable y no seré hipócrita y quizás seguiría con él, pero me ataba mucho el miedo al cambio, a dejar mi vida allí, la vida que tanto me costó construir. Me fui a Barcelona, con miedo y aposté, hice lo inimaginable, me puse a prueba mil veces, pero nunca me di cuenta hasta que me pegué el golpe, de que nunca fuimos un equipo.

Parece curioso pero ahora que ha pasado el tiempo, no mucho, pero va pasando, he conocido a una persona. Lógicamente yo actualmente no estoy preparada para involucrarme sentimentalmente con nadie, y si lo hago será conmigo misma, pues sigo recuperándome del problema digestivo que tuve, intentando comer hasta llegar a comer como antes, pero es un proceso, necesito recuperar un poco de peso y recuperar mis ganas de volver a reír. Hablando con esta persona me he dado cuenta de un detalle muy importante, yo entiendo que no todas las personas somos igual de comunicativas pero la comunicación y el interés son muy importantes. Me parece muy relevante poder hablar con tu pareja de todo, que puedas hablar con esa persona y que esa persona sepa que decir, y que también le interese tu vida, no sólo que todo gire entorno a él y que parezca que su vida es lo único interesante y lo que importa. Detalles tan simples como preguntarte que tal te ha ido el día, como te encuentras, si necesitas descansar y que esa persona se ocupe de la cena, o que sepa que llegas cansada un sábado de trabajar y que piense en ti, en que tienes que comer, no que se quede en el sofá todo el día sin tener consideración contigo, cuando tú siempre estás para él para todo, era ser una pareja de verdad, no solo compañeros de piso. A todo esto, he reflexionado y me he dado cuenta de que yo cuidaba a alguien que no me cuidaba, que sólo me daba migajas normalizadas como amor.

Al día de hoy mi autoestima se ha visto muy afectada, aparte de que mi salud física y mental no está en su mejor momento, y eso influye, sin embargo esta persona me hizo creer que soy una carga, que soy difícil de querer y que vivir con ansiedad es ser una persona enferma, cuando la vida da muchas vueltas y puede ser que esa persona un día esté mal de salud por el motivo que sea y allí le gustará que la quieran, la cuiden y la comprendan. Y sí, me hizo sentir así, un bicho raro, una carga, la misma persona que me idealizó nada más verme por primera vez, que apostó por mi y fue con determinación para conquistarme, y que me trataba con detalles para conseguir mi interés y mi validación. Yo fui esa persona que apostó por él cuando no tenía nada, cuando se estaba sacando la carrera con la suerte y privilegio de que siempre ha tenido el respaldo económico de sus padres, pero aún así él lucho por sus sueños y ser una mejor versión de sí mismo. Lo apoyé cuando se sacó la carrera y se sentía perdido, lo apoyé en todos los momentos posibles, pero cuando ha conseguido lo que ha querido ha demostrado ser un desagradecido con la persona que más quiso su desastre y todas sus imperfecciones. Pero a pesar de tener toda la riqueza delante de él (porque la riqueza no solo se trata de lo material, de lo que ganas o posees), tenía a una buena mujer a su lado, una mujer que apagó con sus malas actitudes, al final no supo cuidarla, y ella perdió su luz, hasta el punto que se olvidó de ella misma, hasta el punto de no ser ella, aun así no lograba entender que si con toda la entrega que tenía como que él ya no veía nada bueno en ella. Llorando, de rodillas, en el hospital, preguntándole: ¿Es que ya no ves nada en bueno en mí? Y que tonta, tenía que verlo ella. 

Y no sé que pasará con esa persona que la vida me ha puesto en el camino, pero me ha hecho aprender que soy un tesoro, que hay muchos piratas pero aún tiene que encontrarme el rey que valore el oro. Y de que nada sirve tener el oro entre tus manos si luego no sabes qué hacer con él. 




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